viernes, 25 de noviembre de 2016

Un miedo con nombre extraño





Mi compañero y yo llegamos rápidamente al lugar donde desde la central nos han indicado que se ha producido la alerta, vamos pertrechados con nuestro equipo al completo, por los imprevistos que puedan surgir. Somos dos precavidos profesionales a los que no nos gustan las sorpresas que escapen a nuestro control.

Estamos sobradamente preparados para resolver situaciones como esta de la que nos han dado aviso tan solo hace una hora.
Para lo que yo personalmente no estaba preparado era para lo que ocurrió cuando el agujero se abrió ante mí.

Empecé a sudar a pesar del frío intenso entrando en estado de shock, me empezaron a invadir las náuseas y mi organismo estresado amenazó con colapsarse.
Mis sentidos quedaron bloqueados de inmediato, mis ojos se adentraron en el negro y profundo pozo sin fin, que me quería engullir. Quise avisar del peligro a mi colega, pero lo hice tarde, no le  pude ayudar, pues de forma irreversible desapareció casi de inmediato en las entrañas de ese pozo mientras yo quedaba en pie, con los brazos caídos y temblando, paralizado por el miedo a lo desconocido; por esa nada que llenaba una boca con forma de circunferencia perfecta. Lo llamaba a gritos, por su nombre, pero solo recibía ecos de sonidos metálicos y de golpes que presagiaban lo peor.

La caja de Pandora se había abierto, y todo lo que ocurriera a continuación podría representar un riesgo para mi frágil espíritu anonadado.

Si esto era mi final, sería el más patético de los finales. Ningún ser o ente me amenazaba de manera perceptible, pero algo parecía gobernar mi mente de tal forma que mis músculos no me respondían. Estaba absorto y agarrotado.

Tengo entendido que a los combatientes les ocurre lo mismo antes de cada batalla, y que a pesar del entrenamiento intenso y continuo que reciben, nunca son capaces de reaccionar en ese crítico momento inicial en el que se requiere la acción inmediata.

Era consciente de que tenía que echar una mano a mi socio. Él estaba adentro, en un lugar oscuro y frío que me aterrorizaba. Por tanto me tuve que recubrir de ese valor artificial que en ocasiones hace héroes a los mortales, y agarrando fuertemente la herramienta y encendiendo la linterna de mi casco para apaciguar mi miedo a la oscuridad, descendí poco a poco a lo hondo de la sima, al encuentro de lo desconocido. No sin haber señalizado antes la zona peligrosa que circundaba la boca de la alcantarilla para evitar accidentes.
Lo que padezco lo llaman nictofobia.



Derechos de autor: Francisco Moroz

20 comentarios:

  1. Buen día, francisco, me mantuve expectante hasta el final . A partir de ayer creo que voy a tener aracnofóbia, miedo a las arañas, ayer me pico una, agitación, respiración, fuerte, mareo. Felizmente tengo preparación física , me ayudo me indico el doctor. un fuerte abrazo.

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    1. Pues me alegro que fuera solo un susto Ivan.
      A partir de ahora no veas películas de Spiderman. je,je.
      Un abrazo.

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  2. No conocía la palabreja. De mano pensé que la historia se iba a ir por la zona de lis agujeros negros siderales o algo así. Como sucede con muchos de tus relatos una sorpresa inesperada y muy agradable.
    Saludos

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    1. Partiendo con que la ciencia ficción no es un género que me guste y domine, mis derroteros siempre son otros.
      Me alegra el haberte sorprendido Juan Carlos.
      Un abrazo.

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  3. Hola Francisco,
    Cualquier fobia produce tanto pavor a la persona que los sufre, que en algunos casos se acaba convirtiendo en invalidante para la persona que lo padece y necesita un tratamiento para poder superarlo.
    Supongo que una fobia así podría llegar a ser un motivo de incapacidad laboral, hoy por ejemplo leía que a un ingeniero informático le habían dado la invalidez porque tenía una alergia al wifi que le impedía hacer su trabajo.
    Muy bien contado y como siempre hasta el final no acabamos de saber qué le produce pavor.
    Un beso de finde

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    1. A parte de lo que comentas, es curioso comprobar, como esas fobias generalizadas en la población son virulentas. como ejemplo te nombro dos: fobia a trabajar y madrugar y fobia a todo lo que lleve la palabra político. Naturalmente es broma ¿¡Pero no me dirás que no!?
      Muchos besos amiga.

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  4. He disfrutado leyéndote por dos razones, Francisco. Una por la amena y ágil narración de tu relato; la otra porque he aprendido una palabra nueva :))
    Eso de las fobias es la mar de interesante, sobre todo si no padeces ninguna. En caso contrario deja de ser una teoría apasionante para ser un handicap que te acompañará toda la vida...

    ¡Un beso grande y feliz finde!

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    1. es como la depresión, mejor no experimentarlas, pues puede ser un anulador de la persona en ciertas situaciones generalmente normales como la que describo.
      Me alegro que aprendas disfrutando, y si encima es con mis escritos pues miel sobre hojuelas. por cierto me paso a leer los últimos refranes que has subido a tu blog.
      Besos guapa.

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  5. A medida que leía, se me antojaba como una de esas pesadillas de las que despiertas angustiado y sudoroso y que sólo la luz logra apaciguar. Pero la verdad es que tu protagonista lo tendrá mucho más difícil pues deberá lidiar con un miedo real y hacer frente a esa fobia que, como mis compañero/as de lectura, no conocía.
    Un abrazo.

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    1. Yo la conocía pero no con ese nombre te lo aseguro. sorpresas te da la vida.
      Gracias por leerme amigo.
      Un abrazo.

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  6. Pobre chico, debería pedir traslado a otro puesto de trabajo ;-)
    Tu manera de contarlo ha hecho que me ponga en situación y le compadezca. Tienes una habilidad increíble para conseguir que sea así.
    ¡Un beso lluvioso, Francisco!

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    1. Tu eres muy emocional y tienes esa sensibilidad especial que te pone en lugar de los sufridores.Es estupendo comprobar que puedo llegar a trasmitirte esas sensaciones.
      Besos Chelo.

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  7. Muy bueno el relato (o microrrelato). Me ha gustado mucho como combinas lo éptico y lo cotidiano de una simple pincelada, con esa vuelta de rosca al final que deja un buen sabor de boca.
    Un saludo,

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    1. Bueno parece ser que es mi debilidad cuando escribo: hacer que todo parezca otra cosa a la que realmente quiero contar.
      Un gusto tenerte por aquí Juan.
      Un saludo.

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  8. Y yo pensando que entraban en un agujero negro, por lo menos. Muy buena esa manera de mantenernos en vilo. Como siempre un estupendo camino para un perfecto final.
    Un beso.

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    1. Siempre pensando a lo grande: Agujeros negros intersiderales y galácticos. nuestra vida cotidiana y rutinaria da para escribir muchas historias de miedo, amor, pasión y drama.
      Gracias por tu consideración amiga.
      Besos que no falten.

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  9. Intruducirse en las alcantarillas supone tener un valor que ya quisieran muchos intrépidos espeleólogos. En las simas y cavernas puede haber oscuridad y cortados peligrosos, pero en las alcantarillas hay una fauna (macro y microscópica) que puede acarrear terribles enfermedades. Hay que ser muy valiente para meterse ahí.
    Un beso.

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    1. Ja,ja,ja sobre todo sin preparación para sobrevivir a las pruebas que eventualmente te encuentres a lo largo de la jornada. Imagina las alcantarillas e esa Roma imperial donde se tiraba de todo, y cuando digo de todo es de todo. Miedo da solo pensarlo. A parte de los sustos, las infecciones.
      Besos.

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  10. Siempre nos engañas, cuando piensas que es una cosa es la otra, le das la vuelta con una facilidad. Pensaba que se caía por un agujero negro y era uno negro si , pero una alcantarilla. Eres un fenómeno. Un abrazo

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    1. Es mi naturaleza como escritor aficionado: El engaño a mis lectores. Lo que pasa es, que os vais acostumbrando y cada vez me resulta más difícil.
      Gracias por venir Mamen.
      Un beso

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