miércoles, 16 de julio de 2014

El Hombre que plantaba árboles




El Hombre que plantaba árboles

De: Jean Giono

Dijo el poeta cubano "José Martí": Que toda persona a lo largo de su vida, debería plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. No necesariamente en ese orden y salvando las considerables diferencias entre una realización y otra.


Quizá la necesidad de perdurar a lo largo del tiempo en la memoria de los hombres, y hacernos recordar por nuestras obras, son la razón que nos mueve a realizarlas.


Esta es una pequeña introducción personal a este relato escueto y enjundioso, que se lee en un espacio corto de tiempo y cuya enseñanza nos puede llevar meses digerir.


En apariencia sencillo y fácil, sin complicadas formas en su dictado, así como se escriben los cuentos para niños, pero con mensaje  subliminal profundo y continuo.El lenguaje utilizado es realista y directo: se limita a describir y narrar, sin diálogo representativo y concisa trama argumental.


La responsable de que este cuento se escribiera, fue una editorial norteamericana que encargó a su autor en 1.950 una historia entrañable con personajes difíciles de olvidar y que trasmitiese a su vez el amor y el respeto hacia los árboles.....¡Pero! una de las condiciones que se pusieron a "Jean Giono" fue que dichos personajes fueran reales y al no serlos, fue rechazada.





No obstante el libro se difundió gratuitamente y llegó a concienciar a muchos colectivos y asociaciones sobre la necesaria labor de reforestación y respeto a las especies arbóreas, así como el cuidado de zonas boscosas.

Tan modesta obra cuenta solo con dos personajes principales: el primero de los cuales es el narrador, un guarda forestal que nos describe el entorno del paisaje por donde camina:La Provenza, Francia.cerca de los Alpes.


Al llegar a un valle el excursionista se queda sin agua, al no existir por los alrededores ninguna fuente ni río, dado el estado desolado del paisaje que le circunda:ruinas de antiguas casas abandonadas y matojos de lavanda silvestre; empieza a desesperar.


Al ser ayudado providencialmente por un hombre llamado "Eleazar Bouffier" el narrador indaga y pregunta para saber más de la historia de este hombre silencioso y carismático. Se trata de un viudo cincuentón, un pastor que se dedica incansablemente a realizar agujeros en la tierra con su bastón, dejando caer semillas de árboles y bellotas mientras cuida de su ganado.


"El trabajo apacible y regular,el aire vivo de las alturas y sobre todo la serenidad de su alma, le habrían dado a este anciano una salud solemne."


Durante cuatro décadas y después de entablar amistad mutua,el contador de la historia le visitará de continuo, salvo las dos veces que habrá de ausentarse al tener que marchar, para luchar en las dos guerras mundiales.

Cada vez que regresa lo hace con la carga y el trauma del dolor por lo experimentado en los conflictos armados y la frustración de comprobar como el ser humano tarda menos en destruir que en crear y con la certeza, que es más propenso a lo primero.

"Si uno quiere descubrir cualidades realmente excepcionales en el carácter de un ser humano, debe tener el tiempo o la oportunidad de observar su comportamiento durante varios años. Si este comportamiento no es egoísta, si está presidido por una generosidad sin límites, si es tan obvio que no hay afán de recompensa, y además ha dejado una huella visible en la tierra, entonces no cabe equivocación posible."


A pesar de todo comprueba el cambio del entorno que apenas reconoce cada vez que vuelve junto a su amigo.todo es diferente   la mejora salta a la vista. Los árboles crecen en lo que fue páramo seco y las fuentes y los riachuelos refrescan todo el valle, convocando con ellos una nueva vida, con gentes que empiezan a habitar y a construir casas en lo que se presenta como una estampa del paraíso todo, gracias a la bondad y generosidad de un hombre humilde y anónimo que dedicó su vida a crearla, en una tierra que ni siquiera le pertenecía.


"Cuando reflexiono que un solo hombre,reducido a sus simples recursos físicos y morales, ha bastado para hacer surgir del desierto este vergel, encuentro que a pesar de todo, la condición humana es admirable."


Ciertamente es un cuento alegórico y entrañable que hizo dudar a los lectores sobre la veracidad del mismo. Ante la insistencia de estos, el escritor tuvo que aclarar que el personaje del plantador de árboles era una invención personal, lo que no fue óbice para que la obra se difundiese y tradujese a numerosos idiomas, convirtiéndose en referencia y paradigma de ecologistas y amantes de la naturaleza.
Todo un canto a la humildad,la generosidad y la sencillez que todavía nos conmueven, las raras veces que las descubrimos.

"Jean Giono" confesó que no había ganado ni un centavo con este libro, pero que indudablemente era del que se sentía más orgulloso de haber escrito. Se puede decir de él lo que dijo de "Bouffier" un guardabosques que aparece en la historia:


         "¡Ha encontrado una forma perfecta de ser feliz!"


Doy término a esta entrada con otra frase que no podía dejar de incluir. No pertenece al libro pero dice mucho en pocas palabras.


"Cuando un hombre planta árboles a cuya sombra sabe que no podrá sentarse,empieza a comprender el verdadero sentido de la vida." ( Elton Trueblood)




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