lunes, 10 de junio de 2013

El Cantar del Mio Cid

El Cantar del Mio Cid.





Anónimo










Toca un clásico.
Y que mejor representante que este de la épica castellana; un libro que si no hemos leído por obligación, nos ha resultado placentero de leer, aún en castellano antiguo se entiende, a pesar de que no seamos lectores excesivamente cultos ni versados.

En alguna ocasión se llegó a dudar de la verosimilitud histórica del personaje, pero eso no es óbice para que nos parezca un libro sorprendente por su vigencia; mantiene el encanto poético sin ser poema, pues se trata de cantar recitado por juglares que narra las gestas de "D.Rodrigo Díaz de Vivar". Nuestro:"Cid Campeador".

Este no deja de ser a pesar de algunos, un personaje verídico que campó allá por el siglo XII, un guerrero de casta y de la época en la que le tocó vivir y batirse el cobre contra moros, y dirimir pendencias personales también contra cristianos.


Alguien de carne y hueso con los pies en la tierra, no como otros héroes de leyendas europeas en las que se nos narran hechos fantásticos y extraordinariamente exagerados de personajes, que son más un mito inventado y magnificado que reales: Cançón de Roldán o la saga artúrica.


Este "Mio Cid" (Mi Señor), lo sentimos nuestro en sus luchas, en sus triunfos y en su destierro, siempre fiel a sus principios y respetado por los suyos así como por sus enemigos.


Leerlo nos hará retroceder en el tiempo, donde la palabra era de ley y el honor virtud de caballeros, y nosotros no más que tiernos infantes cuando nos lo recomendaron para algún trabajo de literatura que es cuando trabamos conocimiento de sus gestas.


"A los que conmigo fuerais, que de Dios halléis buen grado,
que de los que acá os quedarais ,quierome ir vuestro pagado"

Precisamente se trata del único cantar de gesta de carácter épico que se conserva prácticamente en su totalidad, escrito (Copiado) por autor culto versado en letras y con conocimientos de la lengua al uso: romance. La datación de su autoría la dan los estudiosos sobre el siglo XII, tiempos en los que había que defender fronteras contra el invasor y conservar el territorio ganado; donde infanzones e hidalgos medraban y conseguían puestos de cierta relevancia como el de castellano (Señor del castillo).

Puestos a dar nombres, la transcripción que se conserva en en la biblioteca nacional datada en el siglo XV le es atribuida a 

"Per Abbat."

El argumento basado en hechos acaecidos, sobrepasan muchas veces la leyenda añadida a posteriori.


"Rodrigo Díaz de Vivar" es el alférez del rey Sancho II, que muere asesinado a traición por la mano de "Bellido Dolfos" cuando se encontraba en el cerco a Zamora.


Antes de que accediera al trono el futuro rey: Don"Alfonso VI", "El Cid" le hace jurar sobre las sagradas escrituras la no participación en la conjura que terminó con la vida de su hermano. (La jura de Santa Gadea).



Jura de Santa Gadea
Los reyes no encajan bien las humillaciones de subalternos y por consiguiente "Rodrigo" es destituido como alférez y en su lugar es nombrado"García Ordoñez" Conde de Nájera.

Nuestro héroe entre tanto contrae matrimonio con "Doña Jimena" con la que tendrá dos hijas: "Doña Elvira" y "Doña Sol".

Cuando el rey le manda cobrar el impuesto de las Parias al reino de taifa de Sevilla, es atacado por el rey de Granada con la alianza de "García Ordoñez". Estos dos son derrotados por las huestes del "Cid" junto con las del caudillo Sevillano. El regente de Granada "Al Mutamid" se someterá al "Cid" recibiendo este de su mano regalos personales, entre los que se encontrará el que a partir de ahora será su compañero de batalla: el caballo que responde al nombre de"Babieca".

"Ordoñez" en un acto de traición, cobardía y celos, acusa al "Cid" ante el rey, presuponiéndose su participación en el robo de parte de las parias. "Alfonso VI" le cree y en consecuencia destierra al "Cid"con 300 de sus caballeros, tras ser desposeído de sus bienes y privándole de la presencia de su mujer y sus hijas; prohibiendo a sus siervos darle cobijo y sustento. 


"Ya entra el Cid Ruy Díaz por Burgos;

sesenta pendones le acompañan.
Hombres y mujeres salen a verlo,
los burgaleses se asoman a las ventanas.
De todas las bocas sale el mismo lamento:
¡Oh Dios, que buen vasallo si tuviese buen señor!"

Durante el destierro y tras cada victoria, manda presentes al que sigue considerando su rey, pero este, orgulloso, no da su brazo a torcer y no le concede el perdón. Llegará más adelante, cuando conquiste Valencia, siéndole restituidos de nuevo sus posesiones y nombrándole señor de dicha ciudad.



Tizona

"Rodrigo Díaz" casará a sus hijas con los Condes de Carrión los cuales las ultrajarán en el robledal de Corpes (Conjura de Corpes); el "Cid" pedirá justicia a su rey y los Condes quedarán deshonrados y los matrimonios anulados, siendo casadas estas a posteriori para recuperar su honra, con los reyes de Aragón y Navarra.


La historia de este adalid peninsular trascendió al pueblo llano gracias a los juglares, y más adelante se añadieron retazos de sucesos inventados que conformaron la leyenda. Pero tras la paja están los acontecimientos históricos de un personaje que cabalgó con relumbre propio.
Alguien al que no le inquietaron las hazañas añadidas, pues anduvo sobrado con las propias.

Es obligado leérselo al menos una vez, para tener conocimiento de los albores de nuestra lengua y disfrutar, de un retazo de nuestra historia de forma recitada con prosa vieja.


"El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,
al destierro con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga."
                                                                   (M:Machado)




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