miércoles, 19 de octubre de 2016

Cosas de chicas




Cuando se prendieron las cortinas de la cocina, mis cuatro amigas y yo estábamos hablando de hombres y de relaciones sentimentales.

Echamos mano rápidamente y de forma instintiva a las cervezas que estábamos tomando para apagar las llamas.

Cuando se nos pasó el susto inicial todas nos quedamos mirando como bobas a Mari Pili con caras de interrogación, pues todavía tenía el mechero con el que las había incendiado aferrado en su mano.

Por toda respuesta se encogió de hombros añadiendo:

-–Siempre he deseado tener un novio bombero.


Derechos de autor: Francisco Moroz

martes, 18 de octubre de 2016

Lluvia serena




Lluvia llena de melancolía
que me traes recuerdos de voces muertas;
y de versos suspendidos en el aire
de antepasados poetas.

Lágrimas que brillan al caer
por los cristales,
al igual que por caminos estelares
empapados de soles y de estrellas.

Darme un sentido a mi existencia,
que es caer y caer eternamente
sin grabar en lo profundo de mi cauce,
la enseñanza del tranquilo aprendizaje del camino.

Me instruiré algún día del rocío
que se extiende entre las plantas con caricias.
 y también de tus gotas, que besan cristalinas
con dulzura de madre al hijo en el reencuentro.

Lluvia pausada.
Muéstrame tu serenidad y tu paciencia.
El armónico caer de tu fluida esencia
que alegra y hace cantar a los regatos.

Llenas ríos y lagos profundos con constancia,
moldeas las rocas y paisajes de las cumbres.
Regalas tu dádiva generosa en las fontanas
dando de beber tu agua al caminante.

¡Ojalá llegue a comprender! y a estar atento
antes que el afluente se me agote,
sabiéndome acercar a los que aguardan
 heridos, sedientos y expectantes



Derechos de autor: Francisco Moroz

jueves, 13 de octubre de 2016

Encuentros




Conducía con los ojos anegados en lágrimas de dolor, le habían avisado unas horas antes del accidente grave sufrido por ella y de su consiguiente traslado a urgencias.
Él conducía lo más rápidamente que podía, se podría decir que incluso con temeridad, no admitía el no estar a su lado en esos momentos de necesidad, ella seguro que le estaba llamando, diciendo su nombre perentoriamente. Debía llegar como fuera, no podía imaginar perderla y no estar presente.

Mientras su coche rodaba enloquecido por el asfalto de la ciudad, su mente le traía los recuerdos compartidos donde siempre eran protagonistas los dos…

... Cuando se conocieron por Internet, el primer encuentro con los nervios a flor de piel temiendo decepcionar al otro. El primer beso, los primeros planes de futuro. Todo el amor que se habían dedicado entregándose a la certeza de que lo suyo sería eterno. Eran jóvenes y tenían toda la vida por delante para amarse y enamorarse cada día el uno del otro, compartiéndolo todo.

Su palabra favorita era: encuentro, pues ellos sabían encontrarse en cada situación. Con las miradas, con las manos. Poseían la intuición de saber que era lo que el otro necesitaba a cada momento.

Encuentros en la intimidad con sus cuerpos, en público con sus sonrisas y palabras; su relación era un puro encontrarse a cada instante…Y ahora la maldita lluvia era la responsable de que ella estuviera en el hospital, postrada, sola, sin él, después de que su automóvil se saliera de una carretera comarcal y cayera a un barbecho pronunciado. Cuando la encontraron estaba inconsciente y su cabeza sangraba profusamente.

¡No! No quería recordar más los detalles que le contaron por teléfono desde el hospital.

Aceleraba cada vez más, necesitaba verla y cogerla de la mano para que notara su presencia, no iba a ser esta la única vez en que no se pudieran encontrar.
Un semáforo se encendió rojo, como la sangre, pero sus ojos solo veían su imagen, la de su amada que le esperaba.

Consiguió llegar al centro hospitalario, pero justo en el momento en que ella expiraba y abandonaba su cuerpo. Él gritó, pero no pareció oírle nadie, estaban todos muy concentrados en tapar el rostro de su chica y mover sus cabezas de izquierda a derecha como para confirmar que no había más que hacer.

Él les empujó para quitarles de en medio pero ella, le vio, le cogió de la mano y le miró a los ojos dándole a entender que le amaba, que no le había fallado, que estaba allí, acudiendo a su llamada desesperada.

La miró él a su vez, con tanta dulzura, que se sintió liviano como el aire, el mismo que les alzaba a ambos impulsándolos hacia arriba en un abrazo.
Como volutas de humo se fundieron en una misma alma para continuar viviendo su amor en lo ilimitado de la eternidad.

En un cruce de la ciudad un coche se saltó un semáforo y aparecía destrozado junto a una farola medio derribada. Algunas personas pedían ayuda, otros llamaban con sus teléfonos a los servicios de urgencias y los más, contemplaban en la distancia el cuerpo roto del único ocupante que aún a pesar de haber muerto violentamente, lucía en su boca una preciosa sonrisa de felicidad.

El encuentro se había consumado por última vez.



Derechos de autor: Francisco Moroz

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...