miércoles, 23 de diciembre de 2015

El hombre que lloraba


                                                                   "No es de justicia pedir, si no estamos dispuestos a dar"



¡Erase una vez! un hombre como otro cualquiera, con las mismas aptitudes y actitudes para enfrentarse a la vida. Esta le había proporcionado herramientas suficientes para progresar y encontrar su propio camino.

Su relación con los demás seres humanos era cordial y respetuosa y en general era apreciado por su forma de ser. Tranquilo y educado. Sus padres se habían preocupado en enseñarle todo aquello que en la escuela es difícil de aprender. Era una persona agradecida con lo que le había tocado en suerte.

Pero siempre hay un pero, y el pero de este hombre era que lloraba.
Cuando era testigo del dolor ajeno, cuando veía una película o leía un libro donde los sentimientos eran lo más importante del argumento; cuando se encontraba que los personajes establecían vínculos de amistad y sacrificio.
Se le escapaban las lágrimas rodando por sus mejillas, silenciosas y calladas, un llanto sin aspavientos.

Lloraba ante la pérdida de lo más amado que eran sus padres y sus amigos, lloró cuando la chica aquella a la que conoció le dijo que sí, que quería estar con él y compartir lo bueno y lo malo. Lloró cuando tuvo en los brazos a su hijo y lo hizo escuchando de sus labios la palabra Papá.

Era curioso verle aceptar las cosas difíciles de la vida, las personales, como cuando se quedó en paro y no encontraba trabajo, o cuando tuvo aquel accidente que le mantuvo postrado en cama unos cuantos meses; entonces se le veía sonreír con aceptación de aquel que sabe que son cosas que pasan y hay que sobrellevarlas con paciencia.

Muy al contrario le ocurría cuando las desgracias eran ajenas al igual que las penalidades.
Sobre todo si se trataba del sufrimiento de los niños, no podía soportarlo y se le desgarraban las entrañas, que era donde empezaban a formarse las lágrimas que después brotaban por sus ojos.

La gente le empezó a mirarlo raro y a llamarle sensiblero y llorón; pero a él le daba lo mismo y no penaba por ello, al igual que tampoco dejaban de fluirle por ello, las gotas saladas.

Por si acaso se presentó al médico de cabecera para plantearle su caso, y este, sinceramente se extrañó del mismo, pues no era lo normal en estos tiempos que corren, que le ocurriese lo que le ocurría: El que los ojos se le humedecieran en lágrimas por la emoción, por el dolor, por la tristeza e incluso por la alegría.
Estudió el caso por unos días y citándole, le dio su veredicto final:

-Parece ser que usted tiene un problema muy grave de difícil solución, y me pesa decirle que no es nada común en esta sociedad donde la intrascendencia, la superficialidad y la banalidad se han instalado entre los mortales.

Ante tal expectativa este hombre se asustó y le preguntó con el miedo reflejado en su rostro el porqué de lo extraño y grave de su caso.
El doctor le dijo con parsimonia y seriedad profesional: -Es bien sabido por todos que "los hombres no lloran".

El hombre salió cabizbajo de la consulta y buscando una solución positiva a su problema la encontró ¡Ya os dije que tenía aptitud y actitud!

Desde entonces se le ve caminar airoso, siempre hacía un mismo lugar, se siente orgulloso de su cometido y es feliz, se le nota en el brillo de su mirada.

Cuando llega a su destino se maquilla rápidamente. Cuando entra por la puerta con su bata blanca y su nariz colorada, ve las sonrisas dibujarse en los chavales que están en sus camas, entubados y rapados al cero como marines de los Estados Unidos y le entra congoja, pero se hace el fuerte aunque su corazón se deshaga de tristeza.
Sabe que su propia enfermedad no tiene cura, que su sensibilidad es un don inmerecido y que lo único que debe de hacer es no dejar que los demás derramen las lágrimas que solo a él le corresponde verter.

Solo se permite una licencia inocente cuando se disfraza de médico payaso: pintarse una pequeña lágrima en el vértice de uno de sus ojos, casi invisible tras su gran sonrisa de hombre especial.

Y es que cuando te das a los demás, recibes mucho más de lo entregado.



                                                                 Derechos de autor: Francisco Moroz


28 comentarios:

  1. Llora, llora, llora. A algunos nos parece bien.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No te preocupes, lloro cuanto hace falta, soy de esos que no tiene ningún complejo a la hora de hacerlo.
      Gracias de todas las maneras por tu grato permiso.
      Un beso Pepa

      Eliminar
  2. Precioso cuento, Francisco. Se lo voy a mandar a una amiga que también ha trabajado para niños enfermos haciendo de payaso. Aunque ella no se disfrazaba de médico, creo.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que bueno que tengas una amiga que haya trabajado con niños. te aseguro que es muy gratificante cuando ves sus sonrisas dibujarse en sus caras por algo tan sencillo como una mueca.
      Gracias y besos Rosa.

      Eliminar
  3. Cuánta empatía!! Emotivo cuento.
    Felices fiestas!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los problemas ajenos generalmente nos resbalan hasta que nos involucramos de forma activa en ellos, entonces cuando empatizamos, es cuando comprendemos la cruda realidad.
      Feliz Navidad Marybel

      Eliminar
  4. Precioso cuento lleno de una gran sensibilidad que hace mucha falta en los tiempos ásperos que corren...Es cierto que está mal visto esto de que los hombres lloren, qué absurdo cuando las mujeres reclamamos sensibilidad y emoción, empatía y sentir cercano al otro...es una más de las muchas falacias que corren en los tiempos actuales.
    Me encanta ese hombre que llora ante el dolor ajeno y aguanta el propio, me encanta ese hombre que se emociona con las cosas sencillas de la vida, me encantan esos hombres que son auténticos y no tienen miedo de sentir, a los que atenaza la emoción al ver la sonrisa de un niño, ese médico o voluntario que se pone una nariz de payaso e intenta hacer ruido, olvidando los sinsabores y queriendo alegrar esa inocencia...¡¡¡qué bonito!!!
    Mis felicitaciones por este emotivo cuento.
    Feliz navidad

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es un cuento con parte de trasfondo real. ¿Cuánta gente reirá y celebrará?¿Cuántos no estarán en una cama postrados por el dolor?
      Si estas fiestas son sobre todo para los niños, imagínate los que están en los hospitales lejos del ambiente familiar.
      Por ello la labor de los voluntarios en todos los campos de la labor social, son tan importantes para aliviar penalidades a los que sufren.
      Agradezco tu gran sensibilidad junto a tus palabras. Te digo que hay hombres y hombres y mujeres y mujeres de todo tipo. Yo desde luego estoy junto a los que expresan sus sentimientos de forma natural.
      Un beso y que pases unas feliz noche en compañía de tu gente más querida.

      Eliminar
  5. Ojalá esa enfermedad fuera tremendamente contagiosa y fueran muchos los que enfermaran de sensibilidad hacia las penalidades ajenas.
    Un abrazo, felices fiestas y que llores de felicidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lloraré mi amigo, lloraré. Estas fechas son importantes para mi, hecho en falta a personas con las que me gustaría seguir compartiéndolas, pero también sin duda de alegría por los reencuentros.

      Te deseo la mejor celebración que es la de la propia vida.
      Un abrazo Josep

      Eliminar
  6. Qué bonito, Francisco, el cuento y la actitud del protagonista. Ojalá hubiera más "médicos-payaso" en este mundo.
    Un beso enorme y feliz navidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La actitud y los sentimientos es lo que diferencia a los héroes de los cobardes a las personas de los robots.
      Un beso Chari.

      Eliminar
  7. Cuando trabajé en un hospital los compañeros a los que más admiraba eran los que trabajaban en pediatría. La enfermedad es siempre triste pero cuando el que la sufre es un niño a mí me puede la desolación.
    Personas como el protagonista de tu relato son auténticos héroes, aunque lloren siempre muestran su lado más alegre para apoyar y hacer sonreír a quien sufre.
    La risa es una buena medicina, favorece el efecto de otros fármacos.
    ¡Feliz Navidad!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La labor de las personas que trabajan con niños es admirable, pero también una de las más compensatorias gracias a su inocencia y a la ingenuidad que poseen. Son agradecidos, pues se fían del que les prodiga cariño.
      Sin duda la sonrisa es la mejor medicina para los males del alma.
      Un abrazo y mi cariño.

      Eliminar
  8. Muy tierno y entrañable. ¡Vivan las emociones, sobre todo en Navidad! Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. vivan las emociones y los gestos altruistas y humanos a lo largo de todo el año. En Navidad quizás estemos más sensibles, pero la ternura la necesitamos siempre.
      Un abrazo Zarzamora.

      Eliminar
  9. Un Relato con mucha sensibilidad , parece que hoy en día los hombres no tienen que llorar, pero si lloran es humano y mas cuando hay niños y ancianos por medio. Yo trabajo con ancianos y se les coge cariño, eso si me cuesta mas llorar por dolor que por emociones. Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Efectivamente los débiles nos conmueven más y liberan esas emociones que parecemos contener por verguenza o miedo a nuestra propia debilidad.
      Gracias por compartir tus palabras.
      Abrazos

      Eliminar
  10. Que gran relato lleno de sentimiento. Siempre me sorprendes con tus finales. Este final ha sido fantástico, inesperado. Que gran hombre el del relato, ejemplo a seguir como muchas otras personas que viven a nuestro alrededor alegrando y sacando una sonrisa a los niños y a los ancianos, a los enfermos y a los sanos...
    En conclusión, sacar una sonrisa no cuesta nada, pero puede ser un gran regalo en estas navidades.
    Un abrazo Francisco, y... Feliz navidad!!!!!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuanto tiempo sin verte Joselium. Es una grata sorpresa de navidad.
      Efectivamente y como bien dices, es todo un arte el hacer florecer sonrisas en el rostro de los niños y los ancianos; estos últimos son los más frágiles en estas fechas en las que las familias y los amigos se juntan. ¿Se les tiene en cuenta?¿O se les arrincona?
      Que nosotros, como el hombre del relato, sepamos llevar ese regalo de cercanía a los que lo necesiten.
      Un abrazo amigo y toda la felicidad.

      Eliminar
  11. ¡Precioso!!! Ojalá hubiera más de estos hombres y mujeres, y fuera algo de lo que no se debiera aprender si no que naciera de dentro la emoción de sentir y ser.
    El don de dar y por ello sentirse amado es lo más bonito que existe.
    Tus letras denotan mucho de ello Francisco, se te ve en ellas.
    Besos!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los hay, más de los que aparentemente parece haber; la vergüenza los esconde, el miedo al qué dirán los que les vean. No es de cobardes llorar, es de valientes hacerlo ante el dolor ajeno y por emoción profunda.
      Yo me sorprendí en su momento cuando conocí a un hombre que no podía llorar físicamente hablando, pues no tenía lágrimas. Paradojas del destino.
      Gracias por el piropo final Irene, eres un encanto de mujer.
      Besos

      Eliminar
  12. Espero que la enfermedad de tu protagonista se convierta en viral. =)
    Un abrazo lacrimógeno. =)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Depende sólo de nosotros el que lo sea. yo al menos llevo el virus y lo contagio. je.je.
      Besos pampirolesa.

      Eliminar
  13. El llorar es parte de nuestra vida, nadie debe avergonzarse por ello.. no me gusta ver llorar a nadie, pues ese sentimiento siempre es por dolor, tristeza.. creo que los hombres no han de ocultar ese sentimiento..
    Besos y abrazos
    (No puedo irme de vacaciones. creo que ya estoy al día contigo jajaj, pero no por obligación eh..)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nunca por obligación. Sabes que te aprecio y me gusta verte, pero jamás obligada Suni.
      Llorar y reír diferencia al hombre del animal, limpia el alma y despeja el dolor.
      No debemos avergonzarnos de hacerlo ni ser indiferentes al que llora.
      Besos amiga.

      Eliminar
  14. Un relato muy hermoso, lleno de sensibilidad y sabiduría. Una oda a la emoción, la pasión y la alegría, ya que este último sentimiento se haya en aquellas personas capaces de llorar, de sentir y de experimentar la vida intensamente. Un maravilloso desenlace, en el que el protagonista decide potenciar su personalidad sensitiva, para compartir ese mundo propio con los que más necesitan un apoyo, a pesar de la tristeza que el mal de esos niños generan en él, canalizará así su dolor para entregarles un soplo de felicidad. Un texto que llega al alma, es de agradecer.
    ¡Abrazo, Hermano de Letras!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tus palabras no sólo merecen gratitud, también serían dignas de encabezar la introducción del relato.
      ¡Que bueno! el ser compañeros de algo que nos gusta: las letras escritas y las palabras vestidas de tinta.
      Un fuerte abrazo Edgar

      Eliminar

Tus comentarios y opiniones son importantes para este blog y su autor.
Por tanto mi gratitud por pasarte por aquí y dejar tu huella y tus palabras.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...