viernes, 13 de junio de 2014

Se puso a llover





Se puso a llover a mares,una tormenta acalorada de pura agua vertida de golpe,con previo aviso de trueno y relámpago.

Y este simple detalle,hallándome postrado en cama, me hizo reflexionar sobre el género humano, que ante circunstancias
adversas y no siempre importantes descarga la frustración sobre los que tiene debajo,al lado o cerca.
El hombre y su tornadizo carácter, su voluble estado de ánimo, su inconstancia y su falta de contención a la hora de participar su criterio su problemática, y hacer enardecido, prevalecer su orgullo.
Lluvia de verano que ocasiona destrozos en cosechas,que arrasa espigas y ocasiona torrenteras y corrimiento de tierra fértil.
Así somos nosotros, no prevemos los resultados del grito el maltrato o el exabrupto, no siendo capaces de moderar nuestras voces desaforadas requiriendo la atención que de esta forma no merecemos, nuestro proceder de impulso repentino apasionado, que no de amor,pues el apasionamiento del amor intenta no herir.  
Al que me refiero,más bien intenta doblar,romper,hacer sangrar lágrimas al destinatario.
Los resultados son obvios solo después de la tormenta: árboles caídos y tejados rotos, ruina y drama, la realidad que restalla cenizas  tras la batalla, dejando destrucción y gemido.



Así con nuestro proceder repentino, ocasionado por el

acaloramiento y la soberbia, pretendiendo ser los poseedores de la verdad absoluta, procura dolor y llanto irremediable, que aún después del perdón o el arrepentimiento, deja la huella indeleble y destructiva cual caballo de Atila, aplastando flores y hierba a nuestro paso y dejando erial y tierra removida
.
Choque de sentimientos encontrados,pues herimos habitualmente a quién amamos.
Seamos entonces o intentemos al menos ser, lluvia de agua suave, cual caricia, de la que hace crecer el verde y riega campos, mima la flor y da vida, de esa que cuando cae alegra las caras del que está agobiado por el calor del estío y necesita refrescarse, de esa que une parejas bajo el paraguas y no hace correr al paseante.



Relajemos pues el tono de lo dicho, expresemos nuestras ideas mirando a los ojos, no intentemos imponer nuestros criterios, seamos más humildes. Pues todos moriremos, y lo triste es hacerlo sin dejar huella y si, dejando herida.



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